Tormenta en altiplano y un ángulo que cambió todo
Una tarde, el viento giró y el granizo probó costuras. El tarp, montado alto para ventilar, vibraba como tambor. Bajamos la cumbrera, agregamos dos vientos cruzados y reorientamos la entrada. Unos gramos en estacas variadas pagaron su boleto. El suelo se anegó, pero la esterilla densa mantuvo el sueño. Al amanecer, risas y lección: la adaptabilidad pesa menos que la rigidez. Practicar montajes bajo reloj soleado salvó una noche que podía haberse contado luego con dientes apretados.